Ruinas del Pueblo de Pampa Union

Ruinas del Pueblo de Pampa Union

Información sobre Ruinas del Pueblo de Pampa Union

Si bien las primeras salitreras aparecieron en la provincia peruana de Tarapacá alrededor de 1810, recién en 1868 empezó la extracción sistemática del salitre en la entonces provincia boliviana de Cobija. La gran industria salitrera, manejada desde Londres, iba a poblar en poco tiempo la desolada pampa.




Las oficinas salitreras estaban conectadas entre ellas por la línea ferroviaria de Antofagasta a Bolivia. Entre los kilómetros 118 y 180 de esta vía, al noreste de Antofagasta, se ubicaban unas 20 o 30 oficinas -su número variaba constantemente-, la mayoría de las cuales se concentraba en el sector llamado Pampa Blanca. En el kilómetro144, en medio de la pampa salitrera, existía una pequeña estación de ferrocarril llamada Unión.



Alrededor de esta estación, y en virtud de concesiones municipales hechas a particulares interesados en el rubro de los servicios a la abundante población de las salitreras, se constituyó a partir de 1911 el pueblo de Pampa Unión, levantándose poco a poco y de manera espontánea muchas construcciones de multifacético aspecto y con objetivos distintos.



Las oficinas salitreras invertían en el desarrollo productivo, sin considerar mucho los aspectos sociales y recreativos. Los trabajadores vivían en habitaciones múltiples donde se cocinaba, se comía y dormía. Tenían que comprar en la "Pulpería" de la Oficina, donde se cobraba precios abusivos y se pagaba con "fichas", verdadero circulante monetario controlado por el administrador de la Oficina. Es así como Pampa Unión era la única alternativa, en 200 kilómetros a la redonda, para huir del imperio de la oficina y su administrador. La población salitrera del cantón se trasladaba a esta localidad los fines de semana para comprar, y también para evadirse y divertirse. El pueblo, de 2.000 habitantes, recibía una población flotante de entre 10.000 y 15.000 almas. Los industriales salitreros atacaron fuertemente a Pampa Unión por ser un antro del vicio, pero no lograron parar el crecimiento de este pequeño pueblo.



En los años 20 Pampa Unión tenía dos largas calles casi paralelas a la línea ferroviaria, cortadas por seis calles perpendiculares; el conjunto conformaba unas 17 manzanas. El pueblo no se extendió más dado que la actividad salitrera estaba ya en sus últimos años de auge. Las calles eran de tierra y se formaban cintas para las ruedas de los vehículos. En las calles principales existían corredores techados de madera para la circulación de las personas. Las casas eran de adobe, con techos de calamina.



La calle principal, llamada calle Sotomayor, se ubicaba frente la Estación; en toda su extensión, es decir 6 ó 7 cuadras, se encontraban la mayoría de los negocios dedicados exclusivamente al comercio (paquetería, panadería, ropa americana, juguetes alemanes, comestibles españoles, etc.). Las numerosas bodegas de licores, los restaurantes, los depósitos de vino y cerveza se repartían en las otras calles dentro del pueblo. Los numerosos prostíbulos se hallaban más retirados, en las calles periféricas.



Junto al desarrollo comercial, la oferta de servicios se fue completando: compañía de teléfonos (1921), Carabineros y Registro Civil, entre otros. Desde el principio existió una escuela mixta con unos 70 niños, y a partir de 1918 funcionó una escuela nocturna para obreros y empleados. En 1924 se instaló alumbrado eléctrico. Nunca se levantó una iglesia, ni siquiera una capilla. Hubo en cambio un teatro para 200 personas y un estadio de boxeo para 250 personas (1929).



Pampa Unión tuvo una vida corta, con un auge logrado muy rápidamente en la década de los 20. En los años 30 Unión comenzó a despoblarse, producto del fin del auge salitrero. El pueblo sufrió una lenta agonía; en abril de 1954 la Municipalidad de Antofagasta autorizó desarmar sus instalaciones. Hoy quedan unas viejas murallas; se reconocen los prostíbulos y algunas tiendas, como la famosa "Casa Lacre", con sus muros aún rojos. También queda un majestuoso pimiento, que es regado por los viajeros que pasan por el lugar, y que inspirara a Andrés Sabella: "El pimiento no es un árbol. Para crecer, generoso y solo, en la desgarradora infelicidad de la pampa, se precisa haber sido antes que árbol otra cosa: un minero por ejemplo" (Norte Grande).

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