Torreones Los Canelos y Picarte

Torreones Los Canelos y Picarte

Información sobre Torreones Los Canelos y Picarte

Los torreones Los Canelos y Picarte son los únicos vestigios que permanecen en pie de la antigua fortificación de Valdivia. La ciudad, fundada en 1552 por Pedro de Valdivia, fue arrasada por el levantamiento indígena ocurrido a fines del siglo XVI. Durante el siglo XVII, el Virrey del Perú Antonio de Toledo, envió una armada dotada de un contingente de 900 hombres, de pertrechos y de gran cantidad de materiales de construcción, para cumplir dos objetivos: refundar la ciudad de Valdivia y establecer fortificaciones en la zona, particularmente en la desembocadura del río de este nombre. Estos objetivos eran altamente prioritarios para la Corona Española, en virtud del carácter estratégico del lugar. Era necesario para la soberanía imperial mantener bien defendida esta zona costera, expuesta a las ambiciones de las potencias rivales (Inglaterra, Holanda, Francia), que ya habían incursionado en ella a través de varias expediciones.



La gestión del Virrey Toledo dio origen a la plaza fuerte más grande de la costa americana del Pacífico, integrada por un conjunto de fortificaciones entre las que se cuentan los Fuertes de Corral y Niebla, el Castillo de San Luis de Alba y el de San Pedro de Amargos, entre otros. En lo que respecta a Valdivia, además de refundar esta ciudad, la armada enviada por el Virrey procedió a fortificarla también, dotándola de defensas de fajinas y tierra que más adelante serían reemplazadas por murallas de piedra. Es sin embargo en el siglo XVIII cuando el plan de fortificación de Valdivia alcanza su plena ejecución, en virtud de un completo plan elaborado por el ingeniero Juan Garland. Parte importante de este plan era la construcción de estos dos torreones, que el Gobernador de la plaza Joaquín de Espinoza ejecutó en 1774 en virtud de la amenaza que representaban no tanto los rivales europeos como los indígenas del lugar.



Los torreones Picarte y Los Canelos (antes llamado "Del Barro") son de forma cilíndrica y fueron construidos con ladrillo y cal; los muros tienen un grosor de 60 centímetros en su base y de 30 centímetros en su parte superior. Las estructuras fueron pensadas para servir de atalayas o miradores, sin embargo, se las usó además como calabozos, almacenes de pólvora y molinos de viento. La construcción de estos baluartes resultó muy frustrante para Espinoza, que fue cuestionado por la supuesta inutilidad de estas estructuras.

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